Una de las deudas más discutidas de los períodos democráticos por los que nuestro país ha atravesado, es el de la generación de energía, que repercute, en primera instancia,  directamente sobre la calidad de vida de la población, como así también, en el de-sarrollo del país.
Imaginemos qué pasaría si no contáramos con el gas necesario para calefaccionar nuestro hogar en invierno, ¿De qué nos serviría la estufa o la caldera más moderna? ¿O si los vehículos debieran quedar estacionados por falta de combustible, si los aviones no pudieran despegar por la misma razón o los tractores dejaran de levantar la cosecha?
La falta de energía repercute en el desarrollo industrial, en la educación, en la salud, y dificilmente una Nación pueda alcanzar estandares de vida óptimos, prosperidad y sustentabilidad si no cuenta con aquello que motoriza la vida diaria: la energía.
Y frente a la escasez  cada vez más notoria de combustibles y considerando nuestra geografía, con sus grandes extensiones y la calidad de sus vientos, la energía eólica se ubica en la punta de aquellas posiblidades limpias de generar energía sin provocar daños en el medioambiente.
Y como nuestros mayores siempre saben más que no-sotros, los molinos de viento en La Pampa, tan usados antaño para la extracción de agua son los ancestros de estos modernos aerogeneradores que en conjunto forman “granjas eólicas”. 
A través de la Ley Nacional Nº 25.019 que trata sobre “Régimen Nacional de Energía Eólica y Solar”, la generación de energía limpia ha sido considerada de interés nacional, por lo que desde hace unos años, se promueve la investigación y el uso de energías no convencionales o renovables. 
Nuestro país no cuenta solamente con buena “materia prima”, que en este caso serían los vientos, o los rayos solares,  sino con empresas capaces de desarrollar la tecnología necesaria para convertir esta energía invisible, en algo tangible. En la actualidad existe un programa, denominado GENREN, a cargo de ENARSA, dentro del cual, doce empresas se han comprometido a la construcción de granjas de energía capaces de generar 754 megavatios, a un costo de 120 a 136 dólares por megavatio, mientras que en 2008, Argentina pagó 230 dólares el MW generado por fueloil, de lo más contaminante debido a su alto contenido de azufre, o por la electricidad importada de Brasil. En el 2009, esta cifra creció aún más.
En la región patagónica, la dirección, la constancia y la velocidad del viento la ubican entre las regiones del planeta como mayor potencial de generación de energía: un 48 % del factor de capacidad, cuando en las mejores zonas europeas, apenas alcanza al 35 %.
Pero no solo la Patagonia goza de buenos vientos para el desarrollo de la energía eólica, una de las provincias pioneras y que ya cuenta con un  parque eólico en pleno desarrollo, es La Rioja. La granja, ubicada en Arauco, cuenta con con doce aeronavegadores, capaces de generar cada uno la energía que necesitan en promedio, 2.800 hogares. El costo de su construcción fue de 340 millones de pesos, pero tal como lo señaló el ministro de Obras Públicas de La Rioja, “el viento es nuestro recurso genuino” y en este caso, ha sido muy bien aprovechado ya, que como aquellos viejos molinos de viento pampeanos, le permite contar a la provincia con otro recurso indispensable para el cultivo de vides y olivos, tesoros riojanos indiscutidos, el agua.
Actualmente solo el 1% de la energía que se utiliza en el país, es de origen eólico. El compromiso del Programa de Enarsa es llegar al 8 % en poco tiempo, en solo cinco años: La licitación está en marcha, solo nos resta saber si todas las empresas cuentan con el financiamento necesario para la construcción de estas granjas eólicas.
Argentina cuenta con una capacidad de generación eólica de 160.000 MW, tanto como Brasil.  Está ahora en manos de nuestros gobernantes que estas promesas no sean arrastradas por el viento y se vuelvan una realidad, porque el medioambiente lo pide a gritos y porque a nosotros, también nos conviene.


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