A partir de los comienzos de la década del noventa, explotó en nuestro país una manera novedosa de comunicarnos: internet. Y un adelanto fue trayendo a otro y gracias a la informática, encontramos formas cada vez más eficientes de estar comunicados, que fue seguramente la gran primera expansión y como derivado llegó el teléfono celular, los que hoy ya suman 60 millones de unidades activas en todo el país.
Y así como las grandes empresas se valieron de estos servicios para incrementar sus ventas, hoy también lo hacen a través de los mails, los mensajes en tu celular, el tweet y todo método novedoso que no solo agudiza el ingenio de aquellos que buscan estar informados todo el día, sino de los que aprovenchando la enorme cantidad de usuarios, buscan sumar ventas o imponer una marca en el mercado.
Pero como el esparcimiento es prioridad entre una población que cada vez tiene menos tiempo, vemos como  los equipos que nos permiten emular campos de golf, canchas de tenis o simplemente, campos de batalla se reproducen e imperan por generaciones: I, II y III no es la númeración de una descendencia imperial, sí de una descendencia tecnológica cada vez más sofisticada y más cara… porque al fin de cuentas, siempre se trata de seguir vendiendo, y especialmente a esos adultos que conservan su alma de niño pero su bolsillo lleno. 
En muchas ocasiones la tecnología también le permite al delito explayarse a sus anchas y generar nuevas formas de atrapar víctimas. Y de tan complejos y novedosos, ni siquiera se encuentran estipulados por la ley argentina…
Y como lo más importante siguen siendo las ventas, a través del espacio virtual se puede vender y comprar cualquier  cosa. Descuentos, promociones y paseos virtuales por góndolas y vidrieras tientan al cliente a seguir consumiendo. La compra virtual se convertirá en un hecho cuando nos toquen el timbre de casa y recibamos la mercadería, a la par que la cuenta bancaria se verá adelgazada o el monto de la tarjeta de crédito aumentado.
En el mercado del medicamento, no ajeno a las nuevas tecnologías y sus herramientas, las farmacias se encuentran enlazadas en todo el país, a partir de un sistema on-line, lo que nos permite atender a los afiliados PAMI, por ejemplo, y acabamos de incorporar la receta electrónica. La trazabilidad en los envases de los medicamentos permiten transparentar su dispensa, ya que desde su fabricación hasta la llegada al paciente permite monitorear su circuito, a fin de evitar el robo, falsificación o adulteración.
Y este sistema permitirá en corto plazo, sumar nuestro teléfono celular como operador de compras, con el que podremos adquirir medicamentos de venta libre y también, aquellos recetados. La lectura por el mismo código que hoy nos permite monitorear determinados medicamentos, nos permitirá comprarlos y validarlos a través de nuestro celular.
La gran resolución de las cámaras de los celulares, le permite hoy a los usuarios sacar una foto del artículo que se exponen en carteles eléctronicos, particularmente en los andenes y/o paradas de los medios de transporte, y valorar ese tiempo muerto a través de una transacción comercial, ya que con esa foto y un mensaje de texto es posible comprar el objeto exhibido. Todo esto sin la necesidad de trasladarse o recorrer comercios… y además utilizando un tiempo que se hubiese perdido, esperando el colectivo, subte o tren… El propio celular será en breve nuestra tarjeta de crédito y agilizará aún más este tipo de operaciones totalmente virtuales.
Evidentemente, según del lado del mostrador que nos ubiquemos, serán dos modos  diferentes de entender la comercialización. No obstante, las reglas habrán cambiado, nos encontraremos con mensajes o imágenes, ya no tendremos a una persona especial a quien dirigirnos, a lo sumo podremos pretender el nombre del operador que tomará nuestro pedido.
Y para esto, también tendremos que estar preparados, porque así comprarán en el futuro nuestros nietos. La despersonalización se pondrá de moda y más vale estar preparado para poder sumarse a los cambios.


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