PERÓN, EVITA y LOS 200 AÑOS
Argentina es, sin dudas, un país joven con un pasado viejo. Los doscientos años de vida que celebramos en este bicentario nos vieron envueltos en las mismas circunstancias históricas que se repiten como si giraran en una noria.
Desde San Martín, el padre de la Patria, que luego de realizar las hazañas más grandes de nuestra historia como Nación y de las más importantes para América, liberándola del coloniaje con un ejército improvisado y desafiando a la Naturaleza, transitando su territorio por lugares que incluso hoy en día siguen siendo de difícil acceso para el hombre, debió huir y marchar a tierras lejanas debido a las traiciones y el desagradecimiento de los porteños. Y el mismo camino de la amargura debió recorrer el Brigadier Juan Manuel de Rosas, quien no solo defendió a la Argentina incipiente de los invasores ingleses y franceses, sino que instaló su autoridad en un territorio ingobernable como era la Provincia de Buenos Aires, sembrando el terreno para una verdadera Constitución Nacional, con la participación de todas las provincias, negociando con nuestros indios e instalando las primeras industrias que tuvo el Río de la Plata, los saladeros.
Luego de que fuera traicionado, debió huir a escondidas desde el Puerto de Buenos Aires a las tierras del enemigo que tanto había combatido, empobrecido y esperando que su país le devolviera su honor.
San Martín, antes de morir, le legó su sable curvo, el mismo que lo llevó a convertirse en el Libertador de América, en gesto de reconocimiento patriótico.
Y esta triste realidad siguió repitiéndose como un destino trágico en la vida de grandes hombres de nuestra patria, que de igual forma fueron traicionados y abandonados, como aconteció con el General Manuel Belgrano que murió en la absoluta pobreza, cuya entrega por la patria recién le fue reconocida después de muerto y como también ocurrió con el General Martín de Guemes, muerto por una herida producida en el campo de batalla, a los 36 años.
La burguesía nacional y gorila hizo de la traición una virtud y se ocupó de no mencionar estos hechos, aunque sí los repitieron. Muchos de ellos fueron considerados patriotas y grandes hombres por participar de la guerra más cruel y larga de la historia, que fue conocida como la de la Triple Alianza y que se realizó contra el pueblo hermano del Paraguay, que se defendió con gran valentía.
En este plan de repasar los doscientos años de historia, mucho tiempo después, surgió Yrigoyen marcando una línea política nacional y popular que trajo aparejada consecuentemente, una reacción gorila traducida en sucesivos golpes de Estado en manos de las fuerzas militares, cuyos generales pertenecían a las rancias familias burguesas acostumbradas a manejar los destinos del país en su propio provecho. Para eso se valieron de la fuerza bruta y en un claro desprecio por el pueblo, iniciaron el largo camino de la persecución política, la tortura, la represión, la cárcel y todo tipo de vejámenes.
La respuesta del Pueblo, luego de una seguidilla de golpes de Estado, se condensa en ese grito proferido a pulmón un 17 de Octubre de 1945 ¡Queremos a Perón! Dando paso a una revolución popular y pacífica que se propagó por toda la Argentina. Esta revolución no solo modificó, reformó o directamente cambió todos los estamentos de la sociedad argentina, sino también fue plasmada en la Constitución Nacional de 1949, a fin de que perdurara y sus beneficios alcanzaran a las futuras generaciones de argentinos. La revolución de esta forma, alcanzaba la legalidad y confería el poder de decisión al trabajador, quien además, por primera vez ve resguardados y protegidos sus derechos, como así también orgulloso de integrar una comunidad organizada y de ejercer dentro de ella sus obligaciones a fin de alcanzar la felicidad.
Pero una vez más, la traición mostró sus garras con un bombardeo a una plaza abierta y el derramamiento de sangre en suelo argentino. Años de persecución, cárcel, muerte y lucha y mucha lucha en todos los frentes, y más generales sucediéndose en la presidencia y nuevamente nos encontramos con un gran argentino exiliado en tierras extranjeras, Perón y nuevamente la desaparición y el secuestro de una gran mujer, Evita, que a pesar de estar muerta permanece viva gracias al recuerdo de sus humildes y mucho miedo daba a algunos vivos… así fue al día de hoy la única mujer secuestrada 17 años en el mundo. Cuando la lucha terminó y los generales se retiraron a cuarteles de invierno, Cámpora asume el poder esperando que luego de un largo exilio, Perón entregue nueva vida y esperanza a su Pueblo. Perón retorna luego de dieciocho años a la Argentina para gobernar, pero lamentablemente fallece al poco tiempo, en un día gris de julio, al igual que Evita, este mes se instala en el calendario peronista como el más triste, porque fueron muchos los argentinos destacados que fallecieron a lo largo de julio.
Y así se instala el gobierno de Isabelita que debilitado nada puede hacer frente a la arremetida militar y el triunvirato nefasto de la Junta Militar, que inaugura los días de plomo de una década que quedará marcada en nuestra memoria por siempre. Los crímenes injustificados, la feroz represión, la sangre brotando en las veredas de toda la Argentina y la humillante derrota en Malvinas serán apenas parte del calvario. Nuestras fuerzas armadas, que supieron enfrentar al invasor quedarán mancilladas para siempre.
Y como manotón de ahogado, esta guerra permitirá el retorno de la Demo-cracia en Argentina. En las elecciones democráticas de 1983, Raúl Ricardo Alfonsín, un abogado de la Unión Cívica Radical, reconocido entre aquellos que sufrían persecución política, vence en las urnas a Italo Argentino Luder, candidato peronista y reconocido abogado constitucionalista. Tras dejar la presidencia, Alfonsín entregó el gobierno al candidato peronista, Carlos Saúl Menem, quien durante diez años gobernó hasta entregar el mando a un nuevo candidato radical, Fernando de la Rua que no logró terminar con su mandato. Al año de gobernar, la Argentina se sumerge en una profunda crisis social y económica que termina dejando como un triste saldo una veintena de muertos y de presidentes que apenas duraron horas, días y alguno, meses en el cargo: Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Caamaño y finalmente, Eduardo Duhalde, quien asume la presidencia provisional por un año y dirige los destinos de una Argentina, enfrentada a una profunda crisis económica y con un default declarado.
Pasado el temporal, se convoca a elecciones nuevamente. Tres peronistas se enfrentan por la presidencia: Carlos Saúl Menem, Rodriguez Saá y Néstor Kirchner. Menem gana en primera vuelta, pero con un porcentaje de los votos que no le alcanza para evitar el balottage. Decide cederle el lugar a Kirchner que había obtenido el 21 % de los votos, constituyéndose co-mo segundo candidato.
Luego de su gobierno, asume la presidencia, su esposa Cristina Kirchner quien hoy celebra en el obelisco una gran fiesta a la que han concurrido miles de argentinos dispuestos a conmemorar los doscientos años de esta joven Argentina y a olvidar por un rato nuestras diferencias. Una Argentina que cuenta con casi cuarenta millones de ciudadanos de los cuales veinticinco millones son nacidos aquí y el resto han optado por nuestro país como lugar para vivir y ver crecer a sus hijos.
En doscientos años hemos intentado construir un gran país, a veces con el viento a favor de los gobiernos que acompañaron al Pueblo en este proyecto.
Muchas veces con Gobiernos que, como si fueran el viento pampero, nos soplaron en contra, sin embargo, como Pueblo jamás perdimos las esperanzas. Tuvimos un futuro promisorio en las manos y nos dejaron con las manos ensangrentadas y vacías, pero volvimos a levantarnos y lo seguimos haciendo cada día.
Y así como nos distinguimos en el “no te metás”, “algo habrán hecho” y la puteada a flor de labios, también nos distinguimos por la mateada con los amigos y la solidaridad que nos moviliza a entregar incluso, lo que no nos sobra. Por eso seguimos manteniendo viva la esperanza y por la misma razón seguimos agitando la bandera celeste y blanca, porque a pesar de que la historia puede repetirse, estamos esperando que algún día sea distinta y sabemos que ese día está siempre por llegar.




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