MATRIMONIO Y ALGO MAS
En estas horas los senadores que integran el Congreso Nacional se encuentran envueltos en una ardua discusión a fin de sancionar una ley que, de alguna manera, “cataloga” o intenta nominar la sociedad que forman dos personas del mismo sexo que han decidido unir sus vidas, sus bienes e intereses.
Hasta allí casi toda la sociedad argentina está dispuesta a hablar de “matrimonio entre personas de ambos sexos” y a pesar de la aclaración, la unión matrimonial se torna un hecho, tanto en deberes como en obligaciones. Y es una realidad que a la mayoría de los argentinos poco le importa si se denomina así o eufemísticamente, “unión civil”.
Sin embargo, esta realidad se distorsiona y cambia rotundamente cuando en el debate se instala el tema de los niños, tanto sea por adopción o porque alguno de los integrantes de la pareja decida optar por la paternidad.
Porque pocos aceptan que dos mujeres sean consagradas madres de un niño o dos varones padres de un niño, independientemente de su condición sexual. ¿Cómo explicar a una sociedad que aún digiere los coletazos de la Ley de divorcio argentina, que Juana y María son la mamá de Carlitos? ¿Cuántas horas de diván y de psicoterapeutas necesitaremos para comprender que la familia argentina muy lejos está de alcanzar la tríada ideal padre-madre-niño?
Los gabinetes psicopedagogos de las escuelas y los consultorios de psicológos están llenos de ejemplos de lo poco valuado que se encuentra hoy el matrimonio argentino y por consecuencia lógica, la familia argentina.
Y la situación no mejora cuando nos encontramos que tanto Pedro como Manuel pueden ser los padres de Javier ¿Cuántos adultos estaremos dispuestos a aceptar esta situación y tener la suficiente grandeza de no trasmitir nuestros prejuicios a los más pequeños? Somos muchas las generaciones que crecimos con un modelo difícil de superar aunque los hechos nos demuestren constantemente lo contrario.
En la sociedad que conformamos, donde cada día debemos ser más bellos, más jóvenes, más perfectos ¿Cómo lograremos correr de lugar a esos estereotipos que apuntaron a “modelizar” a la familia? Muchos argentinos criados en la década del sesenta y setenta podrán dar cuenta de lo difícil que fue atravesar la escuela como hijos de padres separados. Estos niños, hijos de nuevos modelos familiares ¿Podrán evitar las burlas, el morbo y la discriminación de aquellos que ven en estas uniones civiles o nuevos matrimonios una amenaza a los valores familiares tradicionales? ¿Serán ellos hoy los que sufran la presión de no ser el “modelo occidental básico”, como lo fueron otros niños en décadas pasadas?
Y no me imagino en lo que podría convertirse una reunión de padres en la que la apariencia de esos padres/madres diste del modelo tradicional de papá “bigotudo” y mamá “en delantal de cocina”.
Es imposible negar que la religión, particularmente la católica y la evangélica, han agregado su leña y fuego al debate y que, en un país como el nuestro, su opinión asusta a más de un representante del pueblo. La religión católica cumple un rol importante dentro de la formación espiritual de los argentinos y su corpus de ideas no permite la integración de estas familias minoritarias, optando por desconocerlas o considerándolas aberraciones, fundamentalmente, porque como lo señalan, defienden el derecho de los niños a tener una madre y un padre. No es nuestra intención polemizar acerca de aquellas cuestiones que no se defienden tan vehementemente, pero es importante plantearnos como sociedad, qué deberíamos estar defendiendo en materia de derecho infantil conociendo la realidad por la que atraviesan miles de niños argentinos.
A la hora de votar, lo mejor sería permitir a la religión “adueñarse” del término matrimonio y reservarlo para las uniones de heterosexuales tal como desde hace siglos se practica y comenzar a desandar lentamente el camino de la aceptación de estos nuevas formas de entender a la familia.
Es importante que se reconozcan derechos a ciudadanos que se encuentran en desigualdad de condiciones frente a la ley, como lo son el derecho a percibir una pensión, a acceder a la obra social o a heredar del compañero/a bienes que se construyeron en conjunto y luego, una vez zanjadas estas situaciones, una vez instaladas en nuestras sociedad esas nuevas formas de conformar binomios, analizar y alcanzar un consenso para procurar un marco legal adecuado para garantizar que los niños que crezcan en el seno de estas nuevas familias, no sean discriminados ni excluidos de sus derechos.
Se le hace dificil al argentino promedio, aceptar tan abiertamente el hecho de que la familia ya no solo se integra por el padre-madre-hijos, sino que hay otras alternativas. No obstante, es posible lograr progresivamente un cambio no solo legal, sino también cultural, porque nuestro corazón está abierto, solo necesitamos abrir nuestra cabeza.
Creemos que con respeto, escuchando la opinión del otro, especialmente si éste otro integra una minoría, aceptando que esos otros tienen pleno derecho a sentirse parte de nuestra sociedad podremos alcanzar el consenso. Y así como hoy una minoría puede casarse y gozar de derechos, de igual forma debemos entender que aquellos que creen fielmente en Dios, entiendan que la familia la integran un papá nacido hombre, una mamá nacida mujer y los niños, y que no, por constituirse una mayoría este derecho a pensar así deba ser avasallado.
Frente a esta dicotomía, debemos encontrar como argentinos, la mejor forma, la forma más sabia de convivir e integrar una comunidad dispuesta a abrir su corazón al prójimo y a su diversidad.
No es tarea sencilla, podemos cambiar, pero eso no indica que el pan sea comido como pan y el vino tomado como vino.
Debemos aceptar a los seres humanos como son, sin intentar transformarlos y para ello, el mejor camino es el diálogo. Ése es hoy nuestro desafío, argentinos.




Sin comentarios a “MATRIMONIO Y ALGO MAS”
Por favor espera
Deja una respuesta
Debes conectarte para enviar un comentario.