Ejercitar la memoria es necesario para los argentinos  que no vivieron todas las etapas de las dictaduras militares que azotaron a nuestro país durante más de veinte años, que destruyeron generaciones y al propio país.
Pero es evidente que debemos esclarecer y fijar cómo comenzó y porqué y quiénes fueron los responsables de inaugurar dictaduras que trajeron años nefastos para la Argentina. Y de esta forma podremos analizar cómo llegamos al 24 de marzo de 1976.
El comienzo de este proceso fue tan o más cruel como asesino que los años de la década del setenta. Porque para poder ejercitar la memoria hay que remitirse a un día gris, en el que el Pueblo se manifestaba pacíficamente en la Plaza de Mayo y sin mediar advertencia, una lluvia de bombas, arrojadas desde nuestros propios aviones, desde nuestras propias Fuerzas Armadas, que dejó en pocos minutos un tendal de ciudadanos muertos y mutilados, que indefensos no pudieron huir de tan letal trampa. Y la única razón que podemos encontrar en tan salvaje accionar es solo la motivación de asesinar al entonces presidente constitucional, Gral. Juan Domingo Perón.  De allí en adelante se definió una situación de violencia que el Gral. Perón intentó evitar porque no quería el derramamiento de la sangre de su Pueblo, y prefirió renunciar.
Sin embargo, este gesto no le bastó a la nefasta “revolución Libertadora”  cuyos responsables desataron la primera represión masiva, encarcelando a más de tres mil dirigentes sindicales y a más de cuatro mil dirigentes políticos, militantes o simples simpatizantes del Movimiento popular, que ya tenía su propio nombre: peronismo. Incluso, simpatizantes de otros partidos políticos, hombres de la iglesia, amas de casa, estudiantes, todos fueron sospechosos y por lo tanto, perseguidos. Y como no les alcanzó con la feroz represión al Pueblo, se dictó el estado de sitio durante años y a través del arbitrario Decreto 4161, que pretendió ser revolucionario, se penó a todo el pensamiento peronista, a toda manifestación de adhesión al peronismo: las alusiones a Perón, la marcha peronista, el escudo, las fotos de la querida Evita o Perón, pasaron a la clandestinidad y quien osara sacarlas a la luz, era perseguido y encarcelado. Toda manifestación del Pueblo fue reprimida, se cerraron los locales partidarios, se intervinieron los sindicatos y la cárcel y la tortura se convirtieron en los métodos de disuasión preferidos por el Gobierno.
No hay cifras oficiales, pero entre la Militancia, se calcula que más de quince mil ciudadanos sufrieron estas vejaciones, siendo encarcelados, perseguidos, obligados al exilio o a la muerte y no debemos olvidar que también se condenó a familias enteras a vivir en un estado de abandono y desesperación.
Quizás el hecho que mejor ilustra el miedo con el que aprendimos a vivir y la arbitrariedad de esta mal llamada Revolución, fueron los fusilamientos del 9 de junio de 1956, que intentaron silenciar sin suerte. Y sumados a esta actitud aberrante, la cárcel, la persecución  y la implementación del Plan CONINTES, una herramienta de represión por parte del Estado, que permitió encarcelar a militantes peronistas con condenas de más de veinte años de prisión, en cárceles del sur del país, donde las temperaturas llegaban a los 10 grados bajo cero.
Quince años de gobiernos militares dedicados a no permitir que el peronismo ganara la calle y sin embargo, desbordados por el fervor popular. No alcanzaron las muertes, la persecución, el exilio, la tortura, la desaparición forzada para frenar el deseo de construir un país más justo de la mano de Perón. Intentaron por todos los medios borrar de la Argentina al peronismo y a todos sus militantes e incluso compraron conciencias radicales y socialistas que fueron funcionales a este macabro proyecto, dándoles cargos en los ministerios, en las embajadas y en las intendencias.
Y conforme a la represión crecía, también lo hacía la Resistencia Peronista, que enfrentó de distintas formas esta violencia. El Peronismo solo tuvo en todos esos años, la oportunidad de participar en elecciones libres y democráticas para el cargo de gobernador y vice en la provincia de Buenos Aires, con la fórmula Framini-Anglada y como ganaron “por goleada”, las elecciones fueron anuladas y los enemigos de la Democracia arremetieron aún con más fuerza en su plan de desaparecer al Peronismo del corazón del Pueblo.
El regreso de Perón al país, con la victoria de la Resistencia Peronista, introduce al país en una nueva etapa  de acuerdos políticos y sociales. Sin embargo,  una vez más, manos asesinas matan al Compañero Ignacio Rucci, Secretario General de la CGT Central con el afán de implantar el terror  y la muerte. La desaparición física del Gral. Perón generó mayores desencuentros y la Triple A sembró la muerte cuyo corolario fue el Golpe del ´76, esta vez con el propósito de aniquilar todo intento revolucionario de liberación popular. Quisieron matar a toda una generación de argentinos, cosa que no lograron ya que para ese entonces, la totalidad del Pueblo era o se sentía consustanciado con la causa peronista.
Por eso, cuando los recuerdos llegan a la ligera o parcializados, la Memoria no cumple su verdadero cometido. Lo que falta y hoy no está entre nosotros es la JUSTICIA que la Militancia consecuente con la lucha desde los inicios de esa primera dictadura fusiladora a la del ´76, reclama.
La victoria de esta Militancia que sí recuerda, fue traer a Perón, mantener viva la doctrina peronista y seguir siendo, a pesar de todo, leales a Peronismo.


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