Quisiéramos remitirnos en esta nota a la década del ´40, a un verano no tan caluroso como éste, pero signado por la tragedia como fue el terremoto de San Juan.
El 24 de febrero de 1946, el General Juan Domingo Perón, que había sido elegido espontáneamente por el Pueblo ya en aquel histórico 17 de octubre de 1945, salió a la calle de la mano del Movimiento Obrero -que comenzaba a organizarse-,  para celebrar los inicios de una verdadera revolución que había sentado sus bases en la Secretaría de  Trabajo,  y que fue planificada y llevada a cabo  por un sector de las Fuerzas Armadas, identificados como el “GOU”.
El Movimiento Obrero  ya estructurado en la Confederación General de los Trabajadores, creó la herramienta que les permitiría continuar un proceso de cambio vital para el país, el Partido Laborista.
El General Perón, como candidato del Partido Laborista, convoca a otros sectores populares a sumarse, como lo era en ese entonces el radicalismo representado en la figura del Dr. Alonso Quijano, por lo que la fórmula se transforma en Perón, presidente -Quijano vicepresidente.
De igual forma, otro sector de intelectuales y hombres de la cultura comprenden la importancia de lo que se está gestando  y agrupados en FORJA brindan las estructuras y los equipos técnicos que llevaría al gobierno la mano sabia y  valiente del General .
Y así también, una mujer compasiva y carismática completa esta revolución realizando un aporte humanista que aun pervive en el inconsciente colectivo, a la que la posteridad conocerá como “Evita” o a la “abanderada de los humildes”. Todos estos hombres y mujeres, enarbolados en una sola bandera, la de la Justicia Social, acompañan al General Perón en su presidencia.
Fue un caluroso 24 de febrero de 1946, en el que un Pueblo no acostumbrado a elecciones limpias y muchos menos,  a una verdadera democracia, hizo sonar el escarmiento al gorilaje unificado, entre los que debemos contar los dos extremos políticos: una izquierda enquistada en viejas rencillas y una derecha no dispuesta a cambiar el sistema desigual imperante. Y así también, los poderes externos, que vieron amenazadas sus ganancias extraordinarias, representado especialmente en la figura del embajador estadounidense Spruille Braden.  Estos sectores, tan dispares, se encontraron hermanados por un mismo y poderoso enemigo: el Peronismo.
Perón, nuestro querido General, dio vida, dio luz, dio esperanzas a todo el Pueblo argentino concretando una revolución inigualable a las que fueron llevadas en todo el mundo hasta la actualidad, por los fines que perseguía, por lo pacífica, por el apoyo que recibió.
El Peronismo transformó al proletariado, condenado al sufrimiento, en trabajadores integrados a una comunidad organizada. Perón y solo Perón pudo concretarlo y sigue siendo aún hoy en día, la bandera de lucha de los desposeídos y de aquellos que necesitan de una auténtica reivindicación social.


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