CUANDO EL MACHISMO ENFERMA
El 8 de marzo, Día Inter-nacional de la Mujer, nos invita nuevamente a reflexionar sobre la situación de la mujer en pleno siglo XXI, especialmente cuando parecería que ciertas cuestiones que han diferenciado a las mujeres de los hombres a lo largo de los siglos, han sido ya zanjadas. Sin embargo, aún no podemos sentirnos plenamente optimistas.
Los actos discriminatorios cometidos contra mujeres suelen denominarse eufemísticamente “cuestiones de género o violencia de género”. Palabras que suenan muy elegantes en los ámbitos universitarios pero que no reflejan la realidad de millones de mujeres sometidas a vejaciones inimaginables.
Mujeres invisibles que viven en la puerta de al lado, pero de las que desconocemos su padecimiento porque esas cuestiones de género responden habitualmente a actos de la esfera privada que no suelen llegar más allá de cuatro paredes, salvo que sus cuerpos sin vida salgan en algún noticiero.
Mujeres sin voz que deben someterse a costumbres ancestrales, impuestas por varones, para seguir siendo eso: víctimas mudas de un sistema patriarcal perverso.
Mujeres de manos callosas y mirada cansada, que resoplan su esclavitud en fábricas del tercer mundo, obligadas a la carga familiar y a rendir cuentas a patrones que inevitablemente son varones que no entienden de violencia de género, porque ni siquiera las consideran mujeres, sino simples instrumentos de manos pequeñas y hambrientas.
Mujeres que como sombras siguen dando y buscando amor a fin de destilar tanto dolor y sufrimiento. Mujeres que sobreviven a pesar de que aún no han conseguido ser dueñas totales de su cuerpo y destino.
Mujeres que de distintas religiones, nacionalidades y edades se hermanan en un destino común: la discriminación. Discriminación que suele extenderse desde la vida privada a la pública, ya que en más de una ocasión son las propias instituciones del estado las que validan esta actitud discriminatoria que indefectiblemente nos veremos obligados a llamarla “violencia”.
“Las actitudes sexistas perjudican la salud de aquellas mujeres que las padecen”, señala un estudio presentado recientemente en el Encuentro sobre Salud de la Mujer celebrado en Madrid por la Real Academia Nacional de Medicina (RANM).
Y los daños no solo son factibles de percibir en la salud física, sino mental de las mujeres que padecen algún tipo de discriminación. Porque son más las ocasiones en las que los golpes no apuntan al cuerpo sino a la moral femenina: bajos sueldos, tareas que solo suelen asignarse a las mujeres, maltrato verbal y acoso sexual se convierten en situaciones tan comunes, que como mujeres, comenzamos a darle un viso de habitualidad que terminan validando actitudes que deben ser condenadas por toda la sociedad.
Tal como lo ha señalado la Dra. Borrel en el Encuentro español mencionado, la raíz del problema tiene su origen en la visión de la propia sociedad que integramos. Para la profesora Borrel, la escasa percepción del machismo que muestran las mujeres del estudio (N.del R.: en este caso, las españolas de clase media) se debe a que, en sociedades como la española, la latinoamericana, la portuguesa o la griega, que son “patriarcales” y han pasado recientemente por una dictadura, “el machismo está legitimado, se ve como normal y se declara poco”. “No reconocen el machismo porque no lo sufran, sino porque lo tienen interiorizado”, aseveró.
Quizás entonces, no debamos quemar corpiños como lo hicieron las norteamericanas de la década del sesenta, pero al menos sí nos quede seguir levantado la voz para ser escuchadas, en especial en este mundo tan globalizado pero que es ciego, sordo y mudo a la hora de reconocer los derechos de todas las mujeres que lo integramos.




Sin comentarios a “CUANDO EL MACHISMO ENFERMA”
Por favor espera
Deja una respuesta
Debes conectarte para enviar un comentario.