No hace falta hacer mucha memoria para describir detalladamente estos doce meses que dieron vida al 2009, que si bien no nos sorprendió con grandes tragedias que lamentar, las pequeñas fueron muchas  y marcaron con sangre a muchos ciudadanos y en especial, a tranquilas poblaciones.
El signo fue la violencia, por los gritos, por las piedras, por los chicos armados, por los ancianos mutilados, por la indíferencia de quienes ejercen el poder y deberían garantizar la seguridad y además, por lo que es peor: porque nos vamos acostumbrando.
También la constante protesta fue un signo funesto de este año, porque la sociedad juzgó a quienes ejercían sus derechos legítimos -o no-, coartándoles las libertades a otros ciudadanos. Y el deporte no fue menos, aunque ya nos tiene bastante acostumbrados, porque si hay un estigma común para la tradición futbolística argentina es la violencia, pero a ella debemos sumar un factor aún más pronunciado: la DECADENCIA.  No podían ser menos los gestos demostrados por nuestra dirigencia  y de las prestigiosas instituciones futbolísticas con una larga tradición  que están tocando fondo, no solo en cuanto a sus economías sino en su moral.
Es indudable que esta realidad también afecta al campo sindical, el cual se encuentra muy desunido, más de lo que históricamente estamos acostumbrados a presenciar.  No obstante, esto no responde a una cuestión política, con la que en definitiva, estarían todos de acuerdo, ya que todos se llama “Peronistas”, el problema reside en que algunos han hecho de la traición una virtud y la traición mencionada no responde a las posiciones políticas, sino que es mucho más grave, han roto códigos que permitían ejercer el respeto hacia los pares, fueran éstos más fuertes, más poderosos o grandes o tal vez no, más chicos, más humildes.
Avasallaron así, con esta actitud, los principios de la clase trabajadora y esta actitud es irrenconciliable con el modo que tenemos de actuar. Por esta razón, la unidad se transforma solo en una forma de expresión, la que acostumbran ejercer los políticos tradicionales, que no va con la modalidad del Movimiento Obrero Organizado. La única solución para lograr una unidad monolítica es el cambio fundamental de toda aquella dirigencia que le ha causado tanto daño al Movimiento Obrero Organizado. La ideología que debería regir al movimiento de los trabajadores han sido transformada y aggiornada por estos dirigentes, sustituyéndola por sus propias posiciones personales o intereses totalmente ajenos a la realidad en la que vive la masa de trabajadores. Es importante por lo tanto, convocar en este incipiente  2010 a una total renovación y unificación de los principios básicos, que sustentan a las organizaciones de bases peronistas.
Debemos tener en cuenta que, si bien se pudo modificar a los empujones y peleando las últimas leyes sancionadas por legisladores -muy complacientes a la hora de levantar la mano-, esto no ha modificado en nada la realidad que vive nuestro Pueblo en las distintas regiones del país.  El país efectivamente ha crecido: ha crecido la mortandad infantil, la deserción escolar, la desocupación, como tampoco hemos podido darle una solución a los habitantes de esta tierra afectados por las epidemias de dengue y gripe A.
Así tampoco se dio respuesta a las demandas urgentes de los habitantes de Tartagal o a los últimos misioneros que escucharon esperanzados promesas que jamás se convirtieron en una realidad tangible.
Y ni qué hablar de aquellos que la noche los encuentra durmiendo en las calles  de la grandes urbes, especialmente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde este gobierno progresista nada ha hecho por erradicar la miseria que golpea sus veredas.
Un año ha pasado en el que la Democracia ha perdido un tiempo precioso que podría haber dado solución a los que hoy, ahora, en este instante, necesitan que se ocupen de ellos.
Es muy importante derribar los monopolios, es extraordinario ver como se derrota a la Rural, cómo hociquean los militares, cómo se insulta a los embajadores de las distintas potencias, cómo se desprotege a esos inversionistas chupasangre, pero sería mucho más importante, incluso trascendente, que toda esa valentía y coraje se hubiese volcado en darle una solución al menos, a un niño para poder comer, para darle un techo o para que pueda ir a la escuela en vez de cartonear, o tal vez, porqué no, para que el padre pueda tener un trabajo digno y no solo una dádiva que depende del ánimo del político de turno.
Ha llegado de hablar de nosotros, de la vida institucional y aquí estamos cumpliendo un nuevo aniversario, el número 22º. No somos mejores, porque está claro: vivimos en este país, nuestro país, y tenemos los mismos gobernantes que tenés vos y las mismas leyes y los mismos cortes de calles e incluso, nuestras propias debilidades personales y defectos, como ambiciones y metas que no hemos podido alcanzar. Pero nos sentimos diferentes en algo: al menos lo hemos intentado, hemos querido ser mejores para que otros también gozaran de una mejoría en sus vidas.
Cada día de este año arduo en lo laboral, cuando abríamos las puertas de las farmacias y de nuestra organización, llegamos a atender cuatrocientas mil personas diarias, en todo el país.  Esto fue posible porque fuimos rigurosos y políticamente coherentes con nuestros principios, que nos obligan a establecer que EL MEDICAMENTO ES UN BIEN SOCIAL y que sólo con ese carácter es posible que llegue a toda la población y a la comunidad, a TRAVÉS DE LA FARMACIA. 
Esta premisa nos ha llevado a luchar junto a organizaciones farmacéuticas hermanas: FACAF, COFA, CAF y a los representantes de los trabajadores,  ADEF y FATFA, a fin de que los legisladores pusieran en vigencia una ley que establece que SOLO EN LA FARMACIA SE PUEDEN EXPENDER MEDICAMENTOS y así garantizar al Pueblo, su salud.
La ampliación de nuestra Droguería Social, la integración de más servicios, todos ellos  ciento por ciento gratuitos para los beneficiarios de las Obras Sociales, como la remodelación y renovación del Laboratorio Social, hacen que nos diferenciamos en algo de aquellos que dentro del mercado de la comercialización del medicamento se han visto manchados por acciones espurias: tráfico, adulteración, falsificación, robo y contrabando. Toda una mafia dispuesta incluso a ensuciarse las manos con sangre, que nos ha dejado ante el común de la población expuestos a la sospecha, a que desconfíen no solo de lo que expendemos sino de su procedencia. Al respecto, repudiamos  y condenamos enérgicamente todas estas actividades y exigimos que la Justicia sea implacable con los culpables.
Queremos despedirnos haciendo mención a todos aquellos que nos acompañaron en la Comisión Directiva  y que dejan hoy sus cargos para darle aire a una nueva dirigencia. Nuestro reconocimiento y agradecimiento a todos aquellos asociados  que depositaron su confianza en nosotros, como así también, queremos decirle ¡gracias! a toda la dirigencia de las entidades hermanas con las que hemos compartido distintas actividades.
Para nuestras familias y para el resto del país, nuestro deseo de PAN, PAZ, TRABAJO y DIGNIDAD, porque creemos que como Pueblo nos merecemos estos dones y porque cada año nuestra esperanza se renueva como la fe en que si nos mantenemos unidos, podremos lograrlo, cada uno desde su lugar, cada uno aportando su esfuerzo y conocimiento.

 A todos, ¡FELICIDADES!

CARLOS R. VILLAGRA


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