Aquello que es motivo de denuncia, de debate, de diálogo no ha recibido el nombre apropiado porque lo que crece es LA MISERIA, no la pobreza.

¿Por qué son tan distintos estos términos?  Porque en la miseria no solo falta el alimento diario, además, su vivienda es una casilla de cartón, el barrio es una “villa”, los pisos de cemento propios de la pobreza, se convierten en la miseria, en tierra polvorienta en verano y en barro en invierno y aquellos servicios que nos permiten calentarnos, asearnos o refrigerarnos apenas se cubren con un poco de carbón y el agua, hay que buscarla en balde o esperar que caiga del cielo, como ocurre hoy en el Chaco.
Y si hablamos de trabajo, educación o salud, son -en la miseria-  palabras que apenas se susurran  porque nunca llegan, porque siempre están por venir de la mano de charlatanes que pronto se olvidan de sus promesas.
Los hijos de la miseria tienen por lo general, varios padres y una sola madre. Esto es, señores, miseria humana y urbana, que no puede confundirse con pobreza.
Pobre puede ser un ciudadano que teniendo una vivienda de material, apenas alcanza a pagar los servicios de electricidad, agua, gas  y que cuida con especial  atención sus pequeños bienes: la heladera, el televisor, el ventilador, su bicicleta.
Y es pobre porque le falta el trabajo  y sus ingresos económicos merman día a día, pero sí tiene educación y sus hijos, con esfuerzo, van a la escuela.
Pobre porque no llega a fin de mes y algunos pagos quedan para el mes que viene.  Pobre porque el Estado le cobra el impuesto más alto, el IVA del 21% en todos sus consumos, ya compre un kilo de pan o un medicamento y eso hace que su situación se vuelva aún más desigual.
La miseria y la pobreza no se llevan bien, porque ésta última se siente más digna e incluso se cree siempre de paso, mientras que la miseria una vez que se instala en un hogar, es difícil de echar.
Sin embargo, a ambas las sostiene el Estado y especialmente, aquellos gobiernos que jamás podrán ser ni pensar como peronistas.
Porque la miseria y la pobreza lo saben: solo la Justicia Social reivindica  el derecho de los Pueblos a deshacerse de ellas.


Sin comentarios a “A NO CONFUNDIRLAS”  

  1. No hay comentarios

Deja una respuesta

Debes conectarte para enviar un comentario.


Comparte este artículo