Querer es poder

El 2 de Junio se celebra el “Día del Bombero Voluntario”.
En 1884, los habitantes de La Boca, un populoso barrio de la ciudad pero de viviendas construidas en base a madera y zinc, se vieron en la necesidad de contar con una Sociedad de Bomberos dispuestos a socorrerlos en caso de peligro.
Por iniciativa de Tomás Liberti, vecino de La Boca, y de otros hombres  animados por un alto sentimiento de humanidad, surgió la idea de fundar la “Sociedad Pompieri Voluntari Della Boca”, siendo su fecha de nacimiento el 2 de junio, día en que se conmemora a todos los hombres que arriesgan su vida, ya sea en el combate contra el fuego como en la Defensa Civil de la  población.
A todos aquellos hombres que perteneciendo a una comunidad aporta su tiempo y valentía para defenderla, nuestro agradecimiento y reconocimiento.

Alta en el cielo

El 3 de junio de 1770 nacía en Buenos Aires, el hijo de una pareja de inmigrantes genoveses que jugaría un rol importantísimo en la formación de una Argentina soberana: Manuel Belgrano. No solo creó nuestro tan amado símbolo patrio, sino que supo defenderla de los enemigos externos, y foráneos cuando sus colores quisieron cambiarse por los de España.
Triunfó en  las batallas de Tucumán y Salta, supo acordar y delegar el mando en Yatasto, junto al Gral. S. Martín  y el Gral. gaucho  Martín Miguel de Güemes, defendiendo con hidalguía el norte argentino del invasor realista, como lo había hecho de joven, contra el invasor inglés.  Manuel Belgrano se ha convertido con el paso del tiempo en uno de los pocos patriotas de conducta intachable que defendió sus i-deales con la convicción de que éstos eran también los de la Patria grande y soberana con la que soñábamos todos los argentinos. 
Fallecía un 20 de junio en Buenos Aires, en el anonimato y pobreza. La Patria, conmemorando su vida y acciones, ha declarado esa fecha como el “Día de la Bandera”.

Presidente por mandato popular

El 4 de junio de 1946, el entonces Cnel. Juan D. Perón asume la presidencia de la Nación por primera vez, luego de ganar las elecciones celebradas el 24 de febrero.
Perón reivindica durante su gobierno la independencia económica, la soberanía nacional y la Justicia Social. Durante esta primera etapa  implementa un Plan general de industrialización para intensificar la producción agrícola, promover la minería, proteger algunas industrias manufactureras, fomentar la investigación, generar estabilidad económica y reactivar la industria de posguerra. Se incluyeron también reformas en la educación en todos los niveles, se organizó la sanidad y los servicios públicos.
Eva Perón comienza a ocupar un lugar importante, no solo en el corazón del Cnel. Perón, sino de los humildes: en un despacho en la Secretaría de Trabajo, atiende los pedidos de gente y establece una organización informal de ayuda social, que derivará en la  creación de una Fundación.
¡Extra, Extra, noticias de hoy!

El 7 de Junio de 1810, apenas tres meses después del grito de independencia escuchado en la Plaza de Mayo, Mariano Moreno,  abogado pero particularmente periodista, funda “La Gazeta de Buenos Ayres” , primer periódico de la etapa independentista argentina. Sus primeros redactores fueron el propio Moreno, Manuel Belgrano y Juan J. Castelli. Se conmemora, en homenaje al primer diario de ideas patrióticas argentinas, el “Día del Periodista”.

Cuando la traición manda

Un 9 de junio de 1956 la traición fue coronada reina de los vendepatrias y asesinos. La dictadura que gobernaba el país desde aquel fatídico septiembre de 1955, perpetra el fusilamiento cobarde de argentinos que
-sin juicio previo- son condenados a morir en los basurales de José León Suárez, en la cárcel de Las Heras y en la ciudad de La Plata. Hombres de honor y carrera militar como el General Valle, el Coronel Cogorno y otros, como así también civiles, son ultimados por la única razón de manifestarse leales al General Perón.  La sangre de estos patriotas aún brota de las manos de quienes ocultos en los vaivenes de la historia, se vieron indemnes de recibir castigo.

El poeta leve  de Buenos Aires

Leopoldo Marechal es antes que nada,  poeta, y luego narrador, dramaturgo y ensayista.
Fue maestro y profesor de en-señanza secundaria.  Vivió en carne propia la locura de los hombres que habitaban su patria y falleció, triste y desolado, masticando sus obsesiones, sin encontrar respuestas, el 26 de junio de 1970, en un gris Buenos Aires.

Con la espada y con la pluma

Leopoldo Lugo-nes nació el 13 de junio de 1874 en la provincia de Córdoba, donde se inició como pe-riodista, en la actividad literaria y política.
Fue un hombre de extremos, razón por la cual no ha podido pasar de-sapercibido y la historia le ha cedido un espacio. Su figura  genera constante polémica no tanto por su obra literaria sino por su protagonismo político, que supo sufrir fuertes virajes ideológicos a lo largo de su vida, pasando por el socialismo, el liberalismo, el conservadurismo y el fascismo.
La frustración política, como causa de su decisión de suicidio perpetrado en el delta de San Fernando, ha sido, por siempre, la más difundida. Empero, publicaciones recientes señalan que Lugones estuvo muy enamorado de una estudiante. Mantuvo con ella una relación sentimental y apasionada. Descubierto y presionado por su hijo, debió abandonarla. Esto lo habría precipitado en un declive depresivo que acabaría en el cocktail mortal de whisky y cianuro. 
El 13 de Junio, en conmemoración a su nacimiento, se celebra  el “Día del escritor”.

Cielo de plomo gris

El 16 de Junio de 1955 se constituyó un día nefasto para la historia argentina.
Aviones de la Marina Argen-tina, en un infame bautismo de fuego, bombardea a civiles inocentes que se encontraban en la Plaza de Mayo y sus inmediaciones. El Pueblo, en breves minutos, se ve masacrado por una lluvia mortal que no les permite el más mínimo derecho a refugio. Aún no se ha podido precisar el número de muertos, pero se cree que el plomo asesino alcanzó a quinientos argentinos mientras más de mil personas fueron heridas.  Este fue -sin dudas-, uno de los días más trágicos de la historia de nuestro país.

Poncho libertario

Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1785, pertenecía a una familia noble y adinerada. Durante 1810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú.
En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva. En 1814 el Gral. José de San Martín le encomendó el man-do de la Avan-zada del Río Pasaje.
Le fue encomendada, “la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú”. El Gral. San Martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le solicitó  la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú.
Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno. Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la trición que floreció con su muerte. Una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, el 17 de Junio,  a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años.
La figura de Güemes se une indefectiblemente a la idea de la defensa de nuestras fronteras, debido a su proceder heroico y desinteresado.

El morocho del Abasto

Dicen que un accidente de avión, el morocho del Abasto perdió su vida. Pero pocos lo creemos.
Hoy los argentinos seguimos escuchando su voz y queriendo al zorzal criollo que cada día canta mejor.
Ese morocho que supo ga-narse el corazón del Río de la Plata, cuyas orillas se disputan su nacimiento y procedencia. Dicen que murió pero Buenos Aires aún escucha su voz, por lo que suponemos, no es verdad y que en alguna esquina volveremos a encontrar a Carlos Gardel.
El estornudo que salvó al mundo

El 29 de Junio de 1929, el médico escocés Alexander Fleming, presenta su descubrimiento sobre la penicilina en el “Bri-tish Journal of Experimental Pathology”.
El laboratorio de Fleming estaba habitualmente desordenado, lo que resultó una ventaja para su descubrimiento.
En septiembre de 1928, estaba realizando varios experimentos en su laboratorio y sin poder evitarlo, algunas secreciones de su nariz, luego de un fuerte estornudo, fueron a dar sobre una placa en la que crecía un cultivo bacteriano.
Días después,  al inspeccionar sus cultivos antes de destruirlos, notó que la colonia de un hongo había crecido espontáneamente, como un contaminante. Fleming observó más tarde las placas y comprobó que las colonias bacterianas que se encontraban alrededor del hongo (más tarde identificado como Penicillium notatum) eran transparentes debido a una lisis bacteriana. La lisis significaba la muerte de las bacterias, y en su caso, la de las bacterias patógenas (Staphylococcus aureus) crecidas en la placa. Aunque él reconoció inmediatamente la trascendencia de este hallazgo sus colegas lo subestimaron.
La comunidad científica creyó que la penicilina sólo sería útil para tratar infecciones banales.
El antibiótico despertó el interés de los investigadores estadounidenses durante la Segunda Guerra Mundial, quienes intentaban emular a la medicina militar alemana la cual disponía de las sulfamidas.
Químicos norteamericanos desarrollaron un método de purificación de la penicilina que permitió su síntesis y distribución comercial para el resto de la población.
Fleming no patentó su descubrimiento creyendo que así sería más fácil la difusión de un antibiótico.
Por sus descubrimientos, Fleming compartió el Premio Nobel de Medicina en 1945 junto a Ernst Boris Chain y Howard Walter Florey, los químicos que lograron la síntesis.


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