SON LAS COSAS DEL PODER
Cuando se ejerce el poder político, tanto sea en el ámbito sindical, religioso o social, es preciso e incluso necesario, contar con una cuota de coherencia, como también de respeto y afecto, en especial si nos dirigimos a lo que comúnmente conocemos como “Pueblo”.
Y tal como lo dejaron asentado los franceses, son los ciudadanos con una categoría que no es un título honorífico, sino que en su conjunto, representa a toda la comunidad, la que se constituye sí una gran categoría.
Y ¿Por qué esta serie de reflexiones? Porque nos encontramos con funcionarios que han sido investidos con el honor de la representación y sin embargo, no concurren al Congreso a cumplir con el mandato que se les ha otorgado o a rendir cuentas de sus actos. Porque el ex presidente actúa en la residencia como si lo siguiera siendo.
Porque un dirigente sindical que representa a los trabajadores organizados no puede atacar o intentar desorganizar a gremios hermanos y luego, desde la casa central hablar de democracia sindical.
Porque un hombre de la Iglesia no puede dirigirse a través de un medio masivo como lo es internet a toda una multitud reunida por afinidad en la fe y señalar que el holocausto nunca existió.
Porque los dirigentes sociales que están y estuvieron desde siempre en Salta, no pueden seguir burlándose del Pueblo de Tartagal, gente que padeció la catástrofe y que hoy, pasados apenas dos años, vuelve a estar en la misma situación, porque no se realizaron las obras que correspondían y se de-dicaron a jugar a la ruleta rusa con la vida de los pobladores.
Es tomarle el pelo al Pueblo cuando se quiere justificar lo injustificable señalando “pobreza estructural” donde en realidad hay “desidia gubernamental” y mucho menos escuchar estas palabras de alguien que viene del partido más popular y de ocupar cargos en la función pública desde hace ya veinte largos años.
Es decir, estas son las cosas por las que la ciudadanía no hace mucho pregonaba ¡que se vayan todos!
El hartazgo, la mentira y la burla socavaron la paciencia de un Pueblo dispuesto a trabajar por un país mejor. Ya no alcanza con las promesas y con echarle la culpa a los que estuvieron antes y que no hicieron nada.
Hoy nos preguntamos ¿qué cambió? Y la verdad no encontramos respuesta, lo único que sí podemos afirmar es cómo lo podemos cambiar.




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