NO LLORES POR MÍ MALVINAS
A los argentinos, ya ni las lágrimas por Malvinas nos quedan. La publicitada guerra se ha convertido en un sentimiento que alcanzó a ocupar un lugar mucho más grande de lo que imaginamos en aquel abril de 1982. Sin embargo, hoy ha dejado de ser una prioridad política, ni siquiera forma parte de una preocupación sentimental para nuestros gobernantes.
Otras cuestiones ocupan a los argentinos que asistimos a un nuevo aniversario de aquella gesta que ha dejado heridas que aun sangran. El día a día nos lleva a otro tipo de batallas: los asaltos, la desocupación, el stress mundial por la catástrofe económica, los problemas en la escuela de nuestros hijos, la droga que se roba la vida de nuestros chicos. Estas preocupaciones han dejado el conflicto de Malvinas como si fuera una mujer de la que nos hemos divorciado. El tiempo nos dulcifica los recuerdos, solo para las familias de los caídos en esas tierras heladas o en el buque General Belgrano, la ausencia amarga los días venideros.
Los que más preocupados deberían estar por resolver este conflicto se muestran totalmente indiferentes: los diplomáticos no solo no recurren a las herramientas jurídicas ni siquiera al Congreso de la Nación a rendir cuentas de los tratados mantenidos con los invasores ingleses.
Nosotros seguiremos reclamando por las Islas Malvinas. Seguimos teniendo presentes a todos los que lucharon en Malvinas o en las frías aguas del mar, o los que desde el continente brindaron su apoyo, infraestructura y logística. Tenemos presente a las fuerzas del aire, a las de tierra, a los servicios de inteligencia y espionaje que funcionaron dentro del contexto de esta gesta patriótica.
El sentimiento que nos une a las Islas Malvinas trasciende el accionar de unos fantoches que condujeron con tan poca cordura los destinos del país. Malvinas siempre será motivo de reclamo y reivindicación, siempre será nuestro deseo recuperar esos territorios australes.
Por ello, le pedimos una vez más a Malvinas que nos tenga paciencia, pronto retornaremos, porque nosotros no olvidamos ni abandonamos.




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