Este acontecimiento se desarrolla en la unidad carcelaria de Olmos, La Plata, Provincia de Buenos de Aires, en un caluroso día del mes de marzo de 2009.
Los personajes son ficcionales por lo cualquier semejanza con la vida real forma parte de una mera coincidencia y no deberíamos sentirnos afectados por ello.
En una estrecha celda, cuatro hombres conversan matando el tiempo: Juan, Timoteo, Tito el gordo y Ruben el cocinero.
Juan rompe el silencio  con una exclamación : _¡Esto sí que es una injusticia! No poder salir al patio  a estirar las piernas o jugar un picadito por este tiempo, que se le dio por llover de tamaña forma.
Tito apurando el mate le contesta _¡Cómo habrán rezado los muchachos del campo, los de la 125, que no para de llover! Jesusito sí que les responde a éstos.
Bahh! ¡qué importa la lluvia! -contesta Timoteo- los que están jodiendo fuerte son estos de las farmacias. Nuestros muchachos que siguen laburando en la calle no van a poder seguir levantando camiones y a los imprenteros se les va a acabar el trabajo de hacer las cajitas de remedios. Para mejor, los legisladores con esto de las elecciones, se están apurando y quieren hacer los deberes atrasados y hasta capaz que les votan la ley para que UNICAMENTE EN LAS FARMACIAS SE VENDAN LOS MEDICAMENTOS.
Ruben, atragantado con un bizcochito le responde: – Cheee, ¿no será cierto eso?  Porque mi familia vive de eso. Yo necesito diez lucas mensuales,  y eso es lo que me dejan los veinticinco kioscos a los que les reparto, y más ahora que tengo que dividir entre los pibes, ya que yo estoy en cana… 
Timoteo le responde algo enojado: y ¡claro, ahora el señor se preocupa! ¡Si no fueras tan estúpido! que por no haber desconectado la alarma de la farmacia que fuimos a vaciar, hoy estamos todos acá viéndonos las caras…
Tito intenta una leve defensa de Ruben. –Bue, al menos la comida le sale rica ¿no?
Je, je, je, -ríe por lo bajo Juan- menos mal que el boga nos aseguró que ya tenemos lista la salida porque no llevamos los fierros ese día, solo la barreta.
Tito responde: -Yo creo que deberíamos hacer como hace la competencia, los remedios y la perfumería podemos entregarlos en estaciones de servicio, almacenes, hoteles, a los puesteros de la feria ¿Por qué quedarse solo con los kioscos?
Timoteo ya enojado le contesta: -¡siempre los mismos idiotas! Porque somos bandas distintas pero en lo mismo, y entre bomberos, ¡no se pisan la manguera! Nosotros, los chorros, tenemos códigos, no como los farmacéuticos que se pelean entre sí  y por prometerse y no cumplir es que nosotros nos hacemos la diferencia y ganamos.
Tito se levanta con parsimonia, total el tiempo es lo que sobra mientras amaga cambiarle la yerba al mate. 
¡Dale Tito! Cambiale la yerba a ese mate que parece el Paraguay  y otra cosa: no me gusta nada esto de que los políticos se interesen en la Salud Pública… mirá si se ponen quisquillosos y empiezan a cuidar a la gente… ¡qué joda no! Se nos termina el negocio…
Bueno – Timo – no te pongas mal, intenta consolarlo Rubén. Si se termina el negocio de la venta libre nos juntamos con la banda de los muchachos finolis, esos que laburan con los oncológicos…
Juan responde ya irritado: ¿Por qué no se dejan de joder y se ponen a cocinar? Ni sueñen que los políticos van a ponerse a salvar la Salud Pública y los muchachos de oncológicos no se juntan con nosotros, no nos van a dar bola. 
Prendé la tele y veamos el partido, que vamos a tener trabajo para rato…


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