Luego de que finalizaran las guerras internas en aquellos años en los que se enfrentaron federales y unitarios, comenzó a desarrollarse la vida política partidista, que resultó ser una forma mucho más sutil de dividir al Pueblo.
Para ese entonces, las características del puntero político se delineaban en el payador, un hombre que recorría los pueblos y las ranchadas. A la luz de un fogón los gauchos se sentaban a escuchar sus historias y si el clima no era propicio, lo hacían en algún galpón de estancia, donde la paisanada escuchaba atenta, entre bolsas de arpilleras rebosantes de maíz, con el infaltable mate en mano y una que otra ginebra o aguardiente.
Las historias no solo recordaban duelos memorables o proezas de la guerra de la independencia o de la lucha contra los hermanos paraguayos, cuando por la fuerza miles de gauchos fueron llevados a la rastra, sino de las cosas de todos los días que preocupaban a los vecinos.
El payador ocupó durante mucho tiempo el lugar que luego conquistó la radio, los periódicos, y mucho más tarde, la televisión. Tal como lo señala Lugones en “El Payador”: narraba con parsimonia las escenas del desierto, más de una vez tintas en sangre. Todo el barrio enviábale mensajes de bienvenida. En la correspondencia que iba recorriendo, pasaban respetables membretes de Londres, citaciones del senado, alguna esquela confidencial del presidente de la República; pues tales hombres, caudillos de gauchos en la pampa, eran a la vez los estadistas del gobierno y los caballeros del estrado…”.
El payador, guitarra en mano, entonaba unas estrofas en las que lamentaba la explotación por parte de patrones crueles, en las que a menudo, un político, siempre doctor y avezado, salvaba a la peonada de la explotación.
Muchos payadores encontraban en la pulpería un público dispuesto a las historias rimadas, convirtiéndose estos gauchos de la poesía en voceros de la situación social y política de un país todavía en formación. Su canto reflejaba las condiciones de vida de los desclasados y corrían mucho más rápido que las noticias impresas, ya que estos hombres rústicos no entendían de letras.
Algunos historiados suelen decir que los colonos fueron los que incendiaron el país de ideas políticas importadas de Europa, tal como fue el anarquismo, el socialismo o el comunismo, lo que es muy acertado, porque si bien el gaucho era un gran conocedor de las pampas y el territorio nacional, era un hombre marcado por la soledad y no contaba con tanta información acerca del mundo o de política extranjera.
El payador punteaba su guitarra entre hombres de campo y daba cuenta de las desventuras y sufrimientos del gaucho, porque en estos seres sufridos y simples encontraba los temas para sus cantos. Las andanzas de Juan Moreira, Matecocido o el Tigre Ramírez traspasaban límites provinciales en la boca del payador. Hazañas contra la milicada y los robos en los que el botín se repartía entre la paisanada eran temas habituales en la payada.
Este personaje no era por lo general, pendenciero, aunque sabía defenderse. Su lengua era siempre más afilada que su facón y de allí que los gauchos respetaran su figura. Irradiaba simpatía y el punteo de su guitarra invitaba a escuchar, por lo que el vaso de vino estaba asegurado, al igual que el agradecimiento en sus versos.
Payador, puntero político, cantor de las cosas nuestras, chusma de las pampas, fue el primero en promover la conciencia social e incorporar el sentimiento de pertenencia al gaucho insurrecto, que transitaba el territorio no atándose a ningún destino más que al propio.




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